

El primer tiempo de ese partido contra el Sporting Cristal fue lapidario, horroroso, propio del equipo chiquitito de la ciudad. A los ´37 ya íbamos 3-0 abajo!!! Increíble, pero era porque la mística se estaba desempolvando de a poquito. En el segundo tiempo ocurrió lo increíble, lo que nadie se imaginaba, salvo los memoriosos que recordaban y esperaban por hazañas como contra Platense o Gremio. El equipo por entonces dirigido por Burruchaga salió a comerse al adversario. Y se lo comió. Entro el rey Sosa y cambió la historia, a los ´9 apareció el eterno Calderón, gol de penal y a empezar a soñar. A los ´20 otra vez el papá de gilnacia se anotaba con un terrible golazo con pared incluida con Sosa. La cosa se ponía buena y los nervios en las tribunas estaban incontrolables. A los ´33 corajeó el tanque en el área y fiel a su estilo empató el partido, si 3-3, en un partido en el que el pincha no jugó bien, pero hay veces que no se juega con las piernas y la cabeza sino que se juega con el corazón, con el alma (recuerden el 2-1 con uno menos todo el partido ante los muertos)
Pero la historia nos quería regalar una proeza como la gente, bien copera, bien pincha. Por eso cuando el partido moría y la esperanza de ver al pincha ganar en la copa se desvanecía, apareció el payaso Lugüercio para desviar un buscapié de Calderón, y mandar la pelota al fondo de las piolas. Locura, delirio y cada uno sabe lo que sintió en ese momento tan especial.Ahora espero que en sus comentarios expresen lo que sintieron y lo compartan con todos los campeones platenses, y con los otros, porque... ¡¡¡Te voy a contar lo que siente, toda la gente del León!!!